viernes 27 de enero de 2012

Rosario, toda una vida





La caída fue hacia abajo, pero justo en el momento de caer dio un salto para arriba, y con el sobresalto de la intención logró ponerse de nuevo en pie. Rosario tiene doscientos años, hace poco su requeté biznieta volvió después de un gran viaje, con la intención de hacerle un gran pastel, tal fue su tamaño, que se convirtió en uno de esos pasteles que salen en la televisión, pero esta vez tardo más de lo pensado, por que en el pueblo ya no quedaba nadie, todos habían muerto tras el extraño suceso del dinero envenenado, ya se sabe que la avaricia no es buena, pero todo lo malo siempre trae consigo un golpe de fortuna, y con toda esa cantidad de dinero se hizo un camposanto donde todos y todas pudieron descansar en paz y con los bolsillos vacíos.
La requeté biznieta quería compartir todas sus aventuras, aquellas que le hicieron llenarle el corazón de vida, pero Rosario, que tenía doscientos años era sorda de los oídos y solo pudo ofrecerle una mano arrugada y mucho calor del bueno. La requeté biznieta empezó a escribir un libro, antes de que la memoria se fuera de viaje con el tiempo.
Durante los siguientes días su libro fue vendido en las pequeñas librerías de los pueblos que no aparecían en los mapas, en las grandes multinacionales, en las estanterías de las bibliotecas, en algún banco de algún parque donde alguien lo dejó para regalárselo a quien lo quisiera leer, fue distribuido por los supermercados en la sección de viajes y tesoros, en las papelerías, en las escuelas donde fue tomado como un gran referente en el cambio social y educativo y fue adaptado a película siendo las más premiada de toda la historia del cine.
La requeté biznieta entendió aquella mañana que el éxito nace desde lo más pequeño hasta lo más grande y que este nunca llega a perder su significancia si se extiende dentro de ti como el mayor logro de tu vida.
Rosario, durante esa mañana empezó a tejer con las hojas caídas de otoño un pasillo de despedida, sabía que había llegado el momento de irse, no de la vida, si no de aquel lugar que tanto le había ofrecido, Rosario pensó que cada instante tiene su partida y eso hace que la estancia en el mundo sea mucho más acogedora. Su requeté biznieta la miró como se mira la distancia, de lejos y llena de recuerdos. Durante aquel segundo, la quiso con tanta fuerza que el dolor se volvió diminuto y apacible. Cogió un ejemplar de su libro y le dedicó un pensamiento. A Rosario y a sus doscientos años de vida. Abuela, le pregunto su requeté biznieta, ¿Como has conseguido vivir tantos años en este mundo? Rosario, que era sorda de los oídos, dejó que aquel hilo de palabras se adentrará como el gran último viaje hasta su corazón, no lo sé, le respondió, supongo que de tanto apreciar la vida ella me dejó quedarme el tiempo necesario como para seguir disfrutándola cada día.
Rosario se adentró en aquel pasillo de hojas caídas de otoño y se marchó para siempre.

viernes 6 de enero de 2012



POETA EN HUELGA




hasta el próximo encuentro






martes 27 de diciembre de 2011

Felicidad (es)


Ella...
grita fuerte
sueña largo y tendido
cuenta el día con sus dedos
da una vuelta
pierde el hilo
deja escapar lo que olvida
es un cuento salvaje
de aventuras
risas, prisas y consuelo.
La ventana no habla
se queda en silencio sin viento
viene el frío
una vida que pasa
y el corazón abierto.

miércoles 23 de noviembre de 2011

Cerca


Están tumbadas, ella lleva una sábana como vestido, azul cielo. Parecen felices, lo están, no lo dicen, pero la felicidad no se habla, se siente, hace frío fuera, pero dentro, el extremo calor del amor les hace estar como quieren. Ella la quiere, cuando va y vuelve, en lo absurdo, en la contemplación, en un tacto de algodón, y en el sabor amargo de una silla oxidada del tiempo. Están sentadas, compartiendo los besos, la tarde sin sol y la buena calma, esa que te ofrece la presencia de una persona que esta a tu lado por el simple hecho de querer estar.

jueves 13 de octubre de 2011

Karmela (Historia de un soplido)


Había cerca de unos mil pasos,ninguno se quedó demasiado marcado, cuando Karmela, dio un soplido a la arena de aquel lugar, las huellas apenas se inmutaron, quedándose exactamente en la misma posición donde fueron encontradas. Era un hecho insólito, acostumbrada al movimiento y a la prisa, a la velocidad del tiempo, a Karmela le invadió una quietud asombrosa, casi ficticia, una calma dudosa pero gratificante. Y de repente ocurrió que aquellas huellas cobraron vida y cada una de ellas tenía un nombre, cuando miró a su alrededor y vio que aquellos pasos estaban llenas de personas y que aquel tiempo rápido no le había hecho ver la vida y que mucho menos se pudiera borrar de un soplido.
Karmela, esta vez, sin esfuerzo, solo con la sabia presencia del saber estar, hizo que su historia fuera un cúmulo de bienvenidas y apariciones extraordinariamente naturales.

jueves 22 de septiembre de 2011

El recuerdo de Estela


La señora Estela, de apellido lejano, vive cerca de los jardines, justo al lado de la tienda de la primera planta, nadie la ve, ni si quiera los curiosos de turno, pero ella vive allí hace más de dos guerras.
A veces cuando prepara un puchero lleno de hierbas, lo deja hervir en el bajo de arriba, de manera que la pequeña franja de luz que sale de la ventana pueda aspirar el soplido del agua hirviendo, pero la señora Estela, en ocasiones, pierde la noción del tiempo y de los años, vuela, se consuela y siempre le despierta el pitido del próximo tren que resulta ser la tetera avisando de una catástrofe que nunca llega a suceder.
Y cuando olvida, corre, y baja deprisa del bajo de arriba al bajo de abajo y del bajo de abajo sube y respira hasta llegar al bajo de arriba y así termina, sin saber donde se encuentra por que ya no lo recuerda, La señora Estela de apellido lejano, perdió la infancia de un susto, justo cuando encontró su verdadero hogar, allí cerca de los jardines.
En el bajo de abajo todavía se conserva una estantería de libros viejos, lo más curioso es que todos están separados por un marca páginas en el mismo número de cada libro, como si ningún final hubiera sido leído. La señora Estela cada vez que recuerda limpiar la estantería, coge un libro, como si fuera la primera vez que lo ha visto, y descubre una vez mas unas notas escritas tras cada página marcada, como si alguien hubiera escrito el final que quería para cada historia, la señora Estela imagina que es su letra, sabe que nunca lo recordara pero ella prefiere saber que escribió con sus manos la historia de su vida.
Mira hacia un lado, nada, allí todo está en su sitio, mira hacia el otro lado, lo mismo. Se quita los zapatos, los aparta para no tropezar, remanga su vestido y corre deprisa del bajo de abajo al bajo de arriba, baja, se encaja y vuelve a bajar del bajo de arriba al bajo de abajo, respira, lo que le permite la vejez,y cae rendida sin recordar lo que buscaba, no importa, piensa, cuando una olvida suele ser por la insignificancia del recuerdo.
Y de repente algo le lleva hacia la ventana, lentamente, sin entender muy bien lo que ve, se acerca tanto que su nariz acaba por golpearse en el cristal de la ventana
¿Desde cuando están esos edificios tan altos? La señora Estela mira con asombro los enormes rascacielos de la avenida que llevan plantados allí más de medio siglo ¿Para que querrán subir tan arriba? Luego, un instante después, olvida lo que se estaba preguntando.
Es curioso, piensa en sus momentos de lucidez, cuando somos capaces de recordar todo queremos olvidar con fuerza y ahora que apenas soy capaz de recordar no quiero olvidar nada.
La señora Estela, cansada,apaga las velas de un soplido y espera que le coja el próximo sueño.

lunes 25 de julio de 2011

Están lloviendo soles (la niña de la lluvia)


Lo tenía todo pensado, bueno casi todo, y aquello que no pensó se convirtió en la elección de su vida. La niña de la lluvia atraía las tormentas, pero a diferencia de lo que pensaba el mundo, las tormentas no son seres enfadados con el cielo, si no que su estruendo hace despertar las ideas, los miedos y el amor. Aquella noche estaban lloviendo soles y mojaron su pelo de luz también salpicó al tiempo y este no paro de crecer y crecer. La niña de la lluvia miraba hacia arriba siguiendo el rumbo de una deriva suelta y confiada. La tierra se hace grande, se llena de inmensidad, una diminuta sensación comparando con lo que siente él, mi corazón, dice. Ella cuenta que allí nunca llueve, bueno casi nunca, y cuando lo hace siguen lloviendo soles, pero dice que muchos de los que la visitan no la creen y ella piensa que solo son unos ciegos con pocas ganas de ver, al fin y al cabo cada uno toma sus propias decisiones y eso hace que seamos únicos y especiales. Ella mira de reojo con la mirada abierta a todo, es un mundo maravilloso donde las tragedias crecen con elegancia y nos hace grandes ante lo más pequeño. Todo pasa y se almacena, justo en un rincón de su cuerpo, ataca ferozmente a su mente, a ese libre pensamiento que vuela junto con los pájaros de su cabeza. En el final de la tierra, justo donde nace el horizonte, la niña de la lluvia se enreda entre sueños, a veces sus piernas vuelan contra las olas del viento y sonríe entre el murmullo de su boca.
Es cierto, piensa, que el mundo se pone feo si no le tocan, y ella lo envuelve, lo piensa, lo cambia, lo transforma como el gran hecho que pone fin a la desgracia. El tiempo envuelve sus manos, como un abrigo lleno de verano, la niña de la lluvia corre junto a ella se tropieza y llega a la hora, el tiempo miente, es un mar de flores, pero esta tarde siguen lloviendo soles y mojan su pelo de luz.