domingo 28 de junio de 2009

La breve historia de un ser que tuvo un pensamiento



¿Como sería vivir en un espacio donde tu forma de sentir no fuera una constante reivindicación que te definiera mientras amas?
Guardo su pensamiento y convirtió sus palabras en la acción de su vida.

domingo 7 de junio de 2009

La bailarina coja


El cubo tiene una apertura en la parte trasera pero nadie la ve, se apoya tras la pared, y deja que los recuerdos respiren, se escapen por un instante a recoger un poco de oxigeno, guarda en sus manos la vieja caja de música, en ella vive una insignificante bailarina a la que le falta una pierna tras un mal cierre de tapa y que terminó por partírle el destino, da vueltas sin parar, ella piensa, aquel día cuando quedo coja por culpa de una mala caída, ella siguió dando vueltas, sin parar, sonriendo, mirándose en el espejo al ritmo del hilo musical, no envejece solo pasan los años, el tiempo.
A veces intenta recordar como sentía antes de sentir lo que siente hoy y ella solo sigue dando vueltas sonriendo en cada giro como la más hermosa de las bailarinas cojas que se hayan visto en ninguna caja de música.
Son la minoría, las pequeñas cosas, esas que no se ven, apenas, una sensación diminuta pero lo suficientemente atractiva como para hacerla más grande cada día.

Un mundo flotante (final)


Cuando construyeron la casa de madera cerca del río, apenas contaban con dinero, Noah ya había abandonado su afán por fotografiar balcones que tuvieran flores y decidió que era el mejor momento para tener su propio jardín. Pablo, después de aquella terrible pero hermosa caída que le produjo una grave afasia estaba recobrando con fuerza su salud, aun así tuvo daños irreversibles y en muchas ocasiones confundía las palabras y sus frases cobraban un sentido que solo Noah acabó por entender – Mi hombre anómico- le llamaba ella con cariño.
Durante los siguientes años Pablo fue mejorando notablemente, su piel arrugada cada vez se mostraba más tersa y fina, su pelo cano había oscurecido en los últimos tiempos y sus dolores de espalda habían disminuido. Cada mañana se despertaba antes del amanecer e iba nadando hasta el otro lado del río. El agua fría le relajaba, hacía que sus pensamientos flotaran, imaginaba como sería vivir en una casa flotante, justamente donde se encontraba él, allí en mitad del río, una pequeña cabaña que fuera corriente abajo hasta quedarse anclada en algún lugar, África o quizás en un rincón del viejo continente. Pablo había oído hablar de la ciudad futura, un lugar donde los habitantes se alojaban en casas flotantes en mitad del mar, el pequeño comercio de la ciudad también se adapto a las características de esta peculiar forma de vida y allí al parecer la gente había encontrado un espacio donde convivir en paz y armonía. A Pablo siempre le inquietó la idea de vivir allí, muchos pensaban que se trataba de una leyenda, que aquel lugar realmente no existía, que solo era una vieja historia de algún grupo de locos que no tenían nada mejor que hacer que inventarse historias.
Cuando alcanzaba el otro lado del río se quedaba tumbado cerca de la orilla y extendía sus brazos, luego daba un largo paseo entre los árboles frondosos y regresaba de nuevo nadando hasta la casa donde Noah continuaba dormida.
A finales de mayo el tío de Pablo fue a visitarles, había envejecido, tenía una barba gruesa que ocultaba la mitad de su rostro, comenzaba a cansarse de tanto viaje,- El mundo del marinero- decía él con cierta nostalgia- una vida llena de historias, y todos sabemos que las historias nos hacen crecer y por eso yo estoy cada vez más viejo- luego se quedaba mirando fijamente al vaso de licor de flores que había preparado Noah y suspiraba- creo que este será mi último viaje, cuando los presagios te vienen a visitar a media noche, lo mejor es que les hagas caso, ellos saben muy bien lo que te conviene, y el otro día tuve uno.
Pablo y Noah le miraban con atención, tras esas palabras el tío ocultaba un aire de misterio que te invitaba a seguir escuchándole.
-Aquella noche me encontraba cerca de una isla del Caribe, el viento soplaba muy fuerte, así que decidí quedarme dentro del camarote. Estaba asustado, jamás había tenido una inquietud tan fuerte como aquella, por primera vez tuve la terrible sensación de que aquel pequeño huracán me arrastraría al interior del océano y me dejaría en plena soledad hasta verme morir. Y me di cuenta en aquel instante que no deseaba morir, que no quería ser el almuerzo de ese mar hambriento entonces decidí que...- su voz se quebró de repente, la habitación quedó en silencio, el ambiente se volvió denso y parecía que algo horrible iba a suceder a continuación. Pablo se levantó bruscamente de la silla, agarró del cuello a su tío y lo lanzó con furia contra el armario de la cocina. Los platos cayeron y algunos acabaron estrellándose en la cabeza del viejo marinero.
- ¿Cómo has podido hacerlo?- Pablo le miraba con los ojos inyectados en sangre- mañana temprano tu y yo nos embarcaremos en este último viaje.
Noah se levanto de la silla, cogió una pequeña libreta de hojas rayadas y se encerró en su habitación.
Llevan días navegando y apenas han intercambiado palabra, Pablo pasa las horas mirando al horizonte ausente de todo. Todavía queda mucho viaje por recorrer hasta llegar al lugar, cuando su tío era niño siempre se quedaba dormido en la orilla del mar, podía pasarse horas solo sentado allí, incluso en invierno, cuando la brisa era como un golpe de hielo derretido. Ahora no era más que un marinero viejo y borracho que se ahogaba en sus propias historias.
Y el recordaba a Noah, ahora encerrada en aquella habitación donde habían pasado tantos momentos dulces juntos, cuando llegaron por primera vez a la casa del río, Noah estaba entusiasmada, estaba cansada de la ciudad, de su prisa, de los ruidos que le enfermaban la cabeza. La mañana que se alejaron de la ciudad ella tiró su bastón tallado de madera a la basura, ya no lo necesitaba, sus piernas ya no estaban entumecidas, y su cuerpo había dejado de ser ese saco pesado que le había acompañado en los últimos años
Se encontraban cerca de la Maderera un barrio alejado de la ciudad, el viejo cementerio de árboles que había sido abandonado por los fabricantes extranjeros que ya no invertían en el mercado local. Parte de la zona fue arrasada por un inesperado fuego que acabo por cerrar las puertas del lugar. Pablo estaba cansado, se escondió entre una especie de cueva espontanea que había formado un rincón que le protegía de la fría noche de octubre. Estamos cerca, susurraba, tan cerca que ya puedo ver la ciudad abriéndose ante mis ojos, antes de que pudiera continuar envuelto en sus pensamientos, acabó por dormirse.
Con los primeros rayos de sol apareció el nuevo mundo un lugar del futuro, casi inalcanzable solo la percepción visual hacía que todo aquel sorprendente descubrimiento fuera real. Pablo salió a prisa del camarote, su tío seguía convaleciente murmurando entre dientes, aquel instante era un sueño echo realidad, su sueño. El silencio se apoderaba del mar aquella mañana, una brisa de aire fresco erizó su piel, había dedicado tanto tiempo a recordar aquella ciudad que apenas podía recordar el largo trayecto que habían recorrido desde que abandonaron la casa del lago, dejando a Noah como un niña triste encerrada en su habitación, pero Pablo apenas recordaba quién era ella, la afasia iba consumiendo sus pensamientos progresivamente y todo el amor que un día vivieron estaba quedando en el olvido.
Aquel lugar era mágico, único, era la ciudad futura, donde las casas flotaban a la deriva sin rumbo fijo, dejándose arrastrar por la suave corriente del mar, allí desembocaban los deseos de vivir en la tranquilidad, lejos del presente abrumador y atormentado que les había tocado vivir. El sabía que aquel viejo borracho que no estaba siendo espectador de toda aquella hermosa visión había descubierto el mayor tesoro que la tierra escondía en aquel rincón del mundo, y Pablo sabía que su tío le debía aquel descubrimiento al fin y al cabo aquel sueño le pertenecía.
Avanzaron mar abajo lentamente, a su alrededor solo alcanzaba ver unas casas viejas de madera que flotaban indecisas en el agua, había algo extraño, no se había encontrado ningún ser vivo por el momento, parecía que todos se habían extinguido. Pablo comenzó a inquietarse, miró a su alrededor intentando buscar una respuesta, corrió hasta proa para observar de cerca las casas que se iban quedando detrás, pero allí no se encontraba nadie, nervioso dio un salto al interior del camarote para encontrar una respuesta en el viejo marinero. Lo tambaleo una y otra vez, pero no se despertaba, aún estaba borracho y apenas podía abrir los ojos, maldito borracho, grito Pablo, estamos en la ciudad futura y a ti solo se te ocurre seguir durmiendo, lo miró con odio y cerró de golpe la puerta del camarote al salir.
Noah se levanto tranquila aquella mañana, era una sensación que apenas recordaba por un instante sonrío, como si aquella ráfaga de calma le hubiera dado un poco de oxigeno de vida, pero luego empezó a preocuparse, quizás se había acostumbrado aquel lugar a ese terrible sabor amargo que le provocó la decisión de Pablo y eso acabó por asustarla, ella no quería vivir eternamente entre aquellas cuatro paredes, quería salir de allí, miró fijamente a los zapatos que se encontraban cerca de la puerta y supo que todavía no había llegado el momento de calzárselos.
Sabía que no podía romper su promesa de esperarlo, pero el quizás a su vuelta no la reconocería, quizás había olvidado su encuentro en aquel banco de la ciudad, hace tanto tiempo. Noah tenía miedo, no quería olvidar cada uno de los momentos que había vivido con el, por eso escribía, noche y día, para que a su regreso Pablo pudiera leer cada palabra y así recordar todo lo que se habían amado desde aquella tarde en el parque, pero comenzaba agotarse, no sabía si el amor hacia Pablo se estaba convirtiendo en un recuerdo de su memoria, a veces sentía el impulso de abrir la puerta y correr lejos de allí, de todo aquello que le retenía en aquella maldita habitación, pero antes de que sus pies corrieran antes que ella, Noah se metía debajo de la cama y se acurrucaba como una niña indefensa que acababa de cometer un pecado imperdonable. Nunca dudo de que el regresaría a buscarla y todo este tiempo acabaría siendo una larga pesadilla olvidada con los días pero Pablo sumergido en su gran descubrimiento ni si quiera recordaba la existencia de Noah. La vida está llena de elecciones, pensaba, y siguió sonriendo embriagado por el nuevo aire fresco del mundo flotante, su mundo.

sábado 6 de junio de 2009

Un mundo flotante (3 parte)



- ¿Quién soy?- Pregunta abrumado
.¿Recuerdas a que has venido hacer aquí?- ella aparta dulcemente el pelo que oculta la mitad de su rostro
Se queda pensativo- No- contesta extrañado
-¿Recuerdas algo?
-Si- dice tajante- mi nombre
-Y dime- pregunta interesada- ¿Como te llamas?
-Pablo- contesta- me llamo Pablo

lunes 1 de junio de 2009

Un mundo flotante (2 parte)


-No sé si quiero comprometerme, hace tiempo que estamos juntos pero el compromiso es algo demasiado serio, todo lo alegre se marchita, las cosas toman un color sepia como si aquello que vivimos estando unidos y felices se convirtiera en un constante recuerdo, y yo no quiero que a nosotros nos suceda eso- Ella esta desconcertada, algo irritada y escupiendo su monólogo como si fuera un secreto que necesita salir de su boca- además tu pronto te marcharás de nuevo con tu tío de viaje y yo me quedaré sola y comprometida, ¿No te das cuenta de que no tiene ningún sentido?
El esta mirando por la ventana, apenas parpadea, su rostro está serio, no se mueve, no expresa nada, solo escucha las palabras que Noah le dice, el sabe que ella la quiere, que lo desea por las noches cuando se abrazan, pero no es suficiente, necesita que quede impreso en un papel todo el amor que ella le tiene, que la relación quede marcada para siempre, como cuando escribían sus nombres en los árboles, o grababan sus iniciales en la orilla del mar hasta que alguna ola las hiciera suyas.
Cuando se conocieron el andaba con dolores de espalda, apenas recordaba su nombre, consecuencia que le produjo una afasia. Fue en una tarde de parque cuando estaba sentado en un banco frente al jardín con el periódico entre las manos, como todas las mañanas desde que tenía uso de razón, leyendo las crónicas sociales, aquel día bombardearon uno de los pocos países que aún seguían en pié,se le nublaron los ojos, el sol se convirtió en una esfera negra y todo se transformó en una niebla oscura que acabó postrándose sobre su cerebro, sus manos cayeron sobre sus piernas y se tambaleó unos instantes antes de que su cabeza chocara contra el suelo.
Noah adora las flores, absolutamente todas, desde la más marchita hasta la nueva semilla que aún está por florecer, cada día agarra su bastón de madera tallada y baja las ciento ocho escaleras que suman hasta el cuarto piso en el que vive. Hoy estrena vestido, ha estado durante meses recopilando en un bote de cristal todos los pétalos muertos que cayeron de las flores, de cada una de ellas. Las ha secado al sol y se ha pasado toda la noche cosiendo cada pétalo. Esta radiante, es una gran flor, algo mustia, dice, pero hermosa. Camina despacio observando cada balcón de la ciudad, no todos están poblados por flores, pero a los que tienen un hermoso jardín los fotografía. Noah tiene infinitas fotos, su casa apenas tiene luz, y todas las flores acaban muriéndose, por eso en uno de los cuartos oscuros de su casa revela cada fotografía que ha sacado durante su paseo hasta el parque y las pega en la pared formando así su preciado jardín particular.
Ella siempre se sienta en el segundo banco situado justo enfrente de la vieja iglesia románica que se está cayendo a trozos, el sol le molesta, le hace llorar los ojos, por eso se sienta en aquel banco del parque donde el sol no alcanza con sus rayos.
Noah ha dejado su bastón apoyado en un lado del banco, el hombre que está tirado en el suelo, parece que no se mueve, lleva observándolo desde la lejanía, no pensaba que tendría visita aquella tarde, normalmente la gente sale de su cueva para dormirse bajo el sol, por eso le ha extrañado la presencia de aquel hombre tumbado en el suelo cerca del banco donde ella se sienta cada día. Ha pegado un pequeño soplido en el suelo para apartar las diminutas piedras, se ha sentado cerca de el, acariciando su pelo con la mano, le mira fijamente a los ojos cerrados, parece dormido, apenas respira, pero su cuerpo permanece caliente, tiene un pequeño golpe cerca de la sien, esta adquiriendo un color verdoso, ella le sigue acariciando recorre con los dedos su rostro, como si dibujará sobre su piel, tiene los labios secos y arrugados. Noah está hipnotizada como si nunca hubiera visto una criatura semejante. Han pasado las horas, el sol parece que ha decidido marcharse, él está abriendo los ojos, se siente extraño, está semiconsciente.

sábado 30 de mayo de 2009

Un mundo flotante (1 parte)



En cuanto supiera como enfrentarse a la sombra del espejo, no dudaría en abandonar
definitivamente la habitación, pero hasta entonces sabía que le esperaba un largo tiempo dentro de aquel lugar. Incluso le comenzaba a resultar acogedor, como el nuevo mundo, aquel que le habían enseñado a querer sin saber muy bien que significaba exactamente. Supongo que borraron su memoria una fácil elección para quien nunca supo pensar por si misma.
Ella tiene los ojos verdes y grandes, una mirada que nadie ha visto, encerrada en aquel lugar desde que nació, debió ser hace mucho tiempo, tanto que le cuesta volver a recordar como era cuando supo por primera vez que existía, siempre ha estado encerrada en aquel cajón gigante, o eso creía ella, lleno de muros que solo le dejan ver un mundo a rayas tras esa ventana diminuta. Ella tiene unos zapatos que le quedan grandes, pero solo se los pone cuando la humedad viene a visitarla de noche, no quiere encerrar sus pasos, sabe que un día saldrá de la habitación y tiene que estar preparada para caminar, sabe que cuando comience hacerlo no volverá a detenerse, por eso solo se pone los zapatos cuando sus dedos entumecidos se quejan del frío. Ella tiene un lápiz, gastado y sin punta, pero no deja de escribir, tiene un cuaderno que se muere de hambre y se alimenta de sus propias palabras, por eso cierra los ojos y repasa cada mañana todo lo que escribió anoche para que se queden archivadas las oraciones en su memoria, sabe que algún día cuando se encuentre muy lejos de aquí podrá comprar todos los cuadernos que quiera, grandes, pequeños, de colores a rayas cuadriculados, de pasta dura y con unas anillas gruesas que sujeten bien cada palabra escrita, solo cuando supiera como enfrentarse a la sombra del espejo podría realizar todo aquello que siempre soñó. Ella está triste, por eso está llorando, sus lágrimas le escuecen, los pequeños latigazos de su cara le duelen por el agua salada, pero esta triste y necesita llorar. Han apagado las luces no las del cielo si no las de la habitación, todo ha quedado en la penumbra, en una gran sombra que asusta hasta la oscuridad, está sentada en la cama, en un viejo colchón deshilachado y sucio, los pies le cuelgan y se balancean como un péndulo que solo sabe contar el tiempo, ella se siente extraña, su piel está mutando, su pelo le cubre la espalda y abraza su cuerpo, todo está cambiando incluso la sombra del espejo
Hoy ha visto a Pablo, ha venido a visitar a su tío, hace tiempo que esta enfermo, pero sabe que Pablo viene cada semana a verla a ella, trae los zapatos relucientes al igual que su pelo repeinado, huele a colonia, a niño limpio, su tío se está muriendo, tras el sucio cristal que les comunica tose sin parar, un estruendo tan grande que deja sorda la habitación. Pablo trae un cuaderno de hojas rayadas, sabe que a ella le gusta escribir y que ella solo tiene un cuaderno que hace tiempo ha llenado. La mira de reojo, mientras su tío le cuenta alguna batalla de cuando era joven, se repite constantemente, está perdiendo la memoria, lleva demasiados días encerrado y la tos esta acabando con su vida. Pablo sonríe y arruga alguna que otra hoja del cuaderno con sus dedos nerviosos, no puede dejar de mirarla. Suena la sirena, se acabó la visita, todos se despiden, besan los cristales y pegan su mano para sentirse cerca los unos de los otros, algunos lloran, otros se marchan entumecidos y algún que otro lamento despierta el silencio de la habitación. Pablo sigue sentado en la silla, sabe que al final acabarán por reñirle pero no le importa, solo quiere despedirse de ella mientras la ve alejarse con el rostro oculto tras su largo pelo, Pablo no sabe que ella ya no puede verle.

jueves 30 de octubre de 2008

Cartas que nunca me escribí



Tengo un papel, blanco oscuro, como la piedra que guardo en mi bolsillo, la rescaté de una ola justo cuando empezaba a notar el frío de la tarde, no es la ausencia de lápiz la que no me permite expresarme, creo que debe de ser algo mucho más profundo pero todavía no he llegado a ese estado interno que me permita escribir. La piedra está aún húmeda, la noto pegada a mi piel, como si estuviera asustada y se agarrara a mi para espantar su miedo, sé que ella es especial, distinta a todas, me acompaña en esta travesía, un letargo soleado que ciega la visión de mis ojos. Me concedo un deseo, de los que se lleva el mar, no dice nada tan solo cumple su promesa, adoro su complicidad.
El papel tirita y se arruga, buscando calor entre los pliegues, y yo busco calor en la brisa del sur, en el viento emigrante de mi norte, se enreda mi pelo formando un nido de pensamientos abstractos. Estoy despierta, pienso, en eso consiste mi gran sueño.
Mis labios se agrietan, la sed se vuelve vulnerable, la piedra se evapora y se convierte en un pequeño desierto de mi bolsillo.
Cuando luzca el sol, estaré cerca de la orilla para que el calor no se haga dueño de mi cuerpo una vez más, hace tiempo me dijeron que había llegado la hora de realumbrar las estrellas, por eso estaré cerca de la más grande y hermosa de todas, justo donde tropieza la luz, en el nacimiento del fuego, donde los deseos se transforman en inquietantes sueños vespertinos dispuestos a brillar. Tengo un papel, un trozo de pensamiento sin letra dispuesto hablar en el momento más esperado, tengo las manos dormidas y una palabra transparente, un comienzo que continua.
En todas las calles que estuve, en cada pasillo de renombre me llevo un recuerdo, el que compartí e hice mío, donde por cada instante me enamoré y volví a convivir con el amor perdido.
Cerca de la orilla, de la línea nítida del mar, donde se mezclan los residuos de las fábricas y los espíritus que han decidido vagar eternamente en el agua, se disuelve mi papel blanco oscuro, no es tiempo de escribir, es tiempo de vivir mientras las historias se escriben por si solas.

lunes 23 de junio de 2008

Viaje al gran imperio del sol (el comienzo)


Y fue aquella noche cuando decidí dejar los zapatos colgados y ponerme rumbo hacia un lugar llamado el gran imperio del sol , me preguntaban que iba hacer allí, tan lejos de todo, de lo conocido, de lo visto, de lo amado, me quedé un tiempo pensando y finalmente logré encontrar una respuesta. – No lo sé, supongo que la vida me lo irá diciendo.
Llevo solo unos días caminando pero cada instante puede estar lleno de grandes momentos es solo cuestión de estar bien despierto mientras no dejas de soñar, es importante observar y saber el motivo que te impulsa a estar donde te encuentras. Y yo lo sabía había decidido irme por amor, sabiendo que la mujer de mis días irremediablemente había tomado otro rumbo del destino sin saber que el nuestro se encontraba hacia otra dirección. La vida a veces se encuentra envuelta de un gran cúmulo de contradicciones.
Ha estado lloviendo estos días, mucho, como nunca, he atravesado un desierto distinto a los que se aparecen en los libros, este estaba lleno de piedras de arena, distintas formas y tamaños, todo extraño pero magnético, dicen que la arena hace descansar tus pies, pero esta me duele, supongo que hay ciertos pasos que duelen cuando atraviesas lugares que nunca antes habías pisado. Y el tiempo es imprevisible no solo el que vivimos si no el del cielo, de repente el día se volvió noche, una oscuridad lo bastante encantadora como para hacerme vivir una de las mejores tormentas de verano de mi vida, y el desierto se volvió mar, y las montañas un hermoso iceberg verde y yo sonreía expectante bajo este gran baño de lluvia, mis pies se arrugaron y el pelo se abrazo a mi cara, no hay mas bella oscuridad que aquella que se encuentra justo en el comienzo del amanecer. Siempre dicen que para olvidar tienes que recordar la realidad de lo que hace decidirte por este gran viaje, y yo no olvido por que me encuentro en el gran imperio del sol al fin y al cabo la mujer de mis días había decidido no quererme en esta vida , curiosa elección cuando el destino había decidido que ella era la mujer con la que deseaba estar, la vida a veces se encuentra envuelta de un gran cúmulo de contradicciones, sigo caminando esta noche se llenará de luces [...]